domingo, 6 de febrero de 2011

Mi camino - pasos en clave de SÍ

Me llamo Zuzana y soy de Eslovaquia. Mi historia personal y de respuesta a la llamada de Dios es un camino compuesto por muchos pasos como lo es la vida de cada uno de vosotros. Todo empezó cuando mis padres decidieron bautizarme… Dijeron un Sí en mi lugar el que yo después tendría que confirmar. Cuando tenía ocho años hice mi primera comunión. Esto no supuso para mí una experiencia demasiado profunda, fue un pequeño Sí, un Sí mitad mío y mitad todavía de mis padres. Después a los once años me confirmé, fue otro Sí que di aunque todavía no era del todo mío porque seguía la tradición familiar. Mi decisión real empezó cuando nos trasladamos a otro pueblo y mis padres nos dijeron a mí y a mi hermano que decidiéramos si queríamos seguir yendo los domingos a misa. Mi hermano dejó de ir y yo di mi Sí porque pensaba que aunque la misa era un poco aburrida y además me tenía que levantar el domingo más pronto, quería seguir. Cuando tenía quince años vino Juan Pablo II a Eslovaquia y mi padre, mi tío y yo fuimos al encuentro que tuvo con los jóvenes. Mi madre y mi hermano se quedaron en casa. Allí sentí algo especial, vi que los jóvenes de mi parroquia eran muy felices, tenía ganas de conocerlos más y estar más con ellos para profundizar mi fe. En el instituto público donde estudiaba tenía una compañera de clase que era cristiana comprometida. Ella me ayudó a dar otro paso a la llamada del Señor. Decidí acercarme al Sacramento de la Reconciliación con el capellán con el que se confesaba porque me animó a crecer en una fe más personal. El día anterior al Sacramento tuve un encuentro personal con Jesús. Difícil de explicar pero sentía que el amor de Jesús hacia mí era muy grande e incondicional. Desde ese momento me sentía más feliz que nunca, Dios ha entrado mucho más en mi vida. Empecé a crecer de una manera mucho más personal en mi fe y en ese tiempo conocí a las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación. Eran unas personas muy alegres, sencillas y cada vez que me encontraba con ellas, sentía que tenían algo dentro, que yo también tenía, me sentía a su lado más yo misma, era el Carisma de Consolar que descubría en mi interior. Por eso después de unos años di el paso y entré en la Congregación a pesar de la negativa de mis padres. Hoy me siento feliz, porque el Señor me hace gustar la realidad de que Él devuelve el ciento por uno, y que El es la perla preciosa que he encontrado por la que vale la pena dejarlo todo.

Y por este camino llegué hasta Madrid donde estoy actualmente dando pasos para formarme bien como futura educadora con valores cristianos. Cada día se abre ante mí el camino, por donde nadie pisó porque espera que deje huellas en él. Ojalá esas huellas mías sean estímulo y ayuda para que cada uno pueda encotrar su propio camino.

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